Puede que no sepas responder a la pregunta de si tus hijos están aprendiendo a ir por la vida o simplemente obedeciendo. Incluso tal vez la respuesta que des sea errónea: quizás te parezca que sí, pero obedecer no significa aprender a razonar. 

Ya te he hablado anteriormente de la diferencia entre poner límites y poner castigos. Hoy me centraré en las situaciones en que les damos una orden, o les pedimos que se comporten de una determinada manera que nosotros como padres consideramos que es conveniente.

Cuando un niño obedece sin integrar la razón por la que tu piensas que ese es el comportamiento correcto, además de no estar logrando nuestro objetivo con su educación, puede perjudicar a la larga y tener consecuencias negativas para su personalidad adulta.

Olvídate del miedo de que tus hijos no te obedezcan 

La sociedad  se encarga de mantener en ti el miedo de que tus hijos puedan subírsete a la chepa, perderte el respeto y tú perder la autoridad. Pero sinceramente, creo que no has de temer por ello.

Tener el respeto de tus hijos no debe impedirte conciliar el sueño por una sencillísima razón: no es tu tarea. Respetarte como persona e integrar los valores que se desprenden de tu actuación es la tarea de tus hijos. La tuya es tratarles acorde con tus valores, sintiéndote con la tranquilidad de que estas actuando en coherencia con aquello que crees importante, tratándolos desde el amor y transmitiendo ese amor de la mejor manera que sabes. 

A mí me tranquiliza mucho la idea de que los niños de lo que aprenden no es de lo que decimos, sino de lo que hacemos. Los adultos les servimos de espejo y absorben los valores de nosotros, durante toda su infancia.

Es por ello que para olvidarte del miedo de que tus hijos no te obedezcan, necesitas darles permiso y oportunidades para pensar por sí mismos. Solo de esta manera podrán, valga la redundancia, valorar estos valores y cuando vayan creciendo estarán capacitados para crear los suyos propios a partir de esta base que les hemos proporcionado. Una buena idea es darles una buena base de valores. 

En estos casos va muy bien recordar las “bolitas” de los diferentes estados de Yo según el Analisis Transaccional. Te conté de esto en el articulo “La teoría de los estados del Yo y su aplicación en terapia”, pero vamos a recuperarlo aquí. 

Los valores que guían nuestro comportamiento formarían parte del estado del yo Padre, el cual lo generamos a través del estado Padre de nuestros padres. Por tanto, como padres somos transmisores de valores hacia nuestros hijos y ellos los van a integrar a partir de lo que decimos y hacemos. 

Por ejemplo, si les transmitimos el valor de ser honestos, al igual que nos lo transmitieron nuestros padres, pero luego nos contradecimos con acciones deshonestas (hacia ellos o hacia terceros de lo que ellos son testigos) crearemos un conflicto en su interior. Pero si nosotros actuamos siempre con honestidad, nuestros hijos lo reflejarán en su propia vida. 

Lo niños pequeños tienden a creer a pies juntillas lo que les decimos y crean su idea del mundo y de si mismos a través de lo que decimos de ellos. Ellos no tienen su propia capacidad para crear estos criterios, ya que son solo estado Niño. En este caso, su única herramienta es la de hacer un copy-paste de lo que les decimos. Como mucho van a poder rebelarse y hacer un copy paste a la inversa.

Pero a cierta edad, acercándonos a los 8 años, niños y niñas ya tienen una buena capacidad para reflexionar y razonar. Es por ello que considero que es bueno para su maduración que les permitamos pensar y extraer conclusiones. La manera en que usamos el lenguaje puede invitarles a responder desde su parte Adulta en construcción, en vez de desde la parte Niña. 

Por ejemplo, imagina que lleváis una semana llegando tarde a los entrenos del equipo de baloncesto. Puede ser que se te ocurra decirle a tu hijo/a: 

“Es que estás cada tarde despistándote con la tele… ¡ya está bien! ¡Haz el favor de merendar y preparar la mochila! que a las seis en  punto salimos!  

Aquí le estás hablando desde tu estado Padre Crítico, y cuando tú pones un límite desde el Padre Crítico, invitas a tu hijo a responderte desde su niño Rebelde o Sumiso y simplemente le invitas a rebelarse o a someterse. Ni a pensar, ni a reflexionar, ni a valorar. Tampoco a tomar sus propias decisiones. Únicamente le estás enseñando a responder de forma reactiva: u obedezco, o me rebelo, o digo que sí y luego me demoro, que es otra manera de rebelarse menos confrontativa. 

Sé que muchas veces piensas que si tu hijo fuera más sumiso, todo sería mucho más fácil. Pero esto es un error. No se trata de que esto sea fácil, se trata de que sea real. Y la rebeldía es real y además es necesaria, lo que necesita tu hijo para madurar es aprender a tener su propio criterio para ir por la vida, el cual se va basar en el tuyo, pero pasando por su propia capacidad de reflexión.

Para ayudarle en eso, ahora prueba con esta otra opción, que le invita a pensar (y por tanto parte de tu estado Adulto y apela a su incipiente estado Adulto). En el caso de llegar tarde a los entrenos, podrías simplemente preguntarle durante el camino:

Cariño,¿Para ti tiene ventajas llegar puntual al entreno? ¿cuáles? 

y después… ¿qué crees que podrías hacer para salir de casa a tiempo? 

y yo ¿puedo ayudarte en algo? 

Te invito a que reflexiones acerca de este cambio de enfoque y que pongas tu energía en invitar a tus hijos a entender, a interiorizar tus propios valores, y no a obedecer desde el miedo y la incomprensión. 

En mis sesiones de psicología infantil y familiar podrás encontrar el apoyo y el punto de vista profesional que necesitas si crees que las dificultades te están a punto de superar. 

¿Crees que tus hijos simplemente obedecen o que están integrando el aprendizaje?