¿Estás haciendo la despedida de tu etapa de deportista?

 

Hoy me vienen a la mente recuerdos de mi etapa de deportista. Me refiero a aquellos tiempos en los que entrenaba cada día y en los que pensaba en deporte desde que me levantaba hasta que me acostaba, y en las que “ser deportista” era algo muy central en mi autoconcepto.

 

Recuerdo levantarme con agujetas y sentir las piernas muy cansadas mientras subía las escaleras del instituto. Me acuerdo de ir a clase en chándal para no cargar con tantas mochilas. Me acuerdo de estudiar en el tren para aprovechar el tiempo. Me acuerdo de los amigos, de las risas, de las bromas, me acuerdo de jugar al UNO, partidas interminables que hacían más amenos los desplazamientos cuando íbamos a competir.

 

Autocares, trenes…

 

A veces sonaba la flauta y hasta íbamos en avión…

 

Cosas del deporte amateur.

 

Yo amaba el deporte como una profesional y le dediqué toda mi adolescencia. 

 

Fué mi refugio.

 

Fue mi ventana abierta al mundo.

 

Fue un motor de descubrimiento.

 

Fue un amor, tú me entiendes.

 

Un amor que acabó, o mejor dicho, se reinventó (ahora soy psicóloga de deportistas), y dio paso a una transformación…

 

No es un final, es una transición 

 

Actualmente en psicología del deporte se conceptualiza el final de la carrera deportiva como una transición más que como un final en sí mismo

 

Pero esta transición llena de retos y novedades enriquecedoras, también implica despedidas y pequeños duelos: 

 

  • Un duelo por las expectativas que no se cumplieron y por los retos que no conseguí.
  • Por aquel momento en que tenía que haber decidido tal y decidi cual.
  • Por aquel día en que acerté de pleno y brillé y tuve tanta alegría. 
  • Por el que tuve miedo.
  • Por las fiestas que me perdí.
  • Por las que sí tuve.
  • Por el viaje de fin de curso al que renuncié para ir de campeonato.
  • Por lo bien que me lo pasé en el campeonato…
  • Por las oportunidades y las puertas que se me abrieron.
  • Por las personas que confiaron en mí, que me supieron ver…
  • Por todos los éxitos que conseguí, por los que pudiera haber conseguido si hubiera sabido lo que sé ahora jajajaja….

 

Incluso aunque hayan pasado años del fin de tu etapa competitiva (como es mi caso), alguna experiencia del presente puede activar los recuerdos de tu etapa como deportista y también está bien dejarse invadir por la melancolía.

 

A todas estas situaciones vividas y también a las expectativas (o sea a las posibilidades que fantaseaste pero no llegaste a conseguir) las puedes abrazar, agradecer, despedir…o dotarlas de un nuevo significado.

 

Esto para mí forma parte de cualquier transición en la vida. 

 

Si intentas pasar página sin hacer el duelo, puede que te quedes encallado en cosillas del pasado, y de alguna manera sigues actuando como la persona que fuiste o esperando que sucedan esas cosas que nunca llegarán a suceder. 

 

Para seguir avanzando a veces necesitamos abrir ese armario de recuerdos del pasado y hacer algo con ellos para poder seguir construyendo el futuro. 

 

Si ya has dejado tu deporte pero arrastras tristeza, desánimo o te cuesta encontrar una nueva motivación, plantéate: 

 

¿Te ves capaz de ver tu vida deportiva de manera más amplia y la retirada simplemente como una transición? 

 

¿Realmente preparaste esta transición?

 

¿Tenías las habilidades necesarias para afrontar los retos que supone el rehacer tu vida más allá del deporte? 

 

Tal vez en tu caso el deporte fue tan central en tu vida que te confundiste a nivel de identidad con tu yo deportista. 

 

En estos casos, la retirada de la vida competitiva genera más sufrimiento, incluso se ha comparado esta experiencia como una muerte social.

 

Transita tu duelo 

 

Me he encontrado con deportistas que viven su retirada como un duelo, y los duelos hay que transitarlos.

 

Plantéate hacer los pequeños duelos o grandes duelos, llorar las expectativas que quedaron por cumplir y las que ya jamás cumplirás, despegarte progresivamente de aquellas costumbres que te daban armonía y que ahora no tienen sentido…

 

Y también plantearte el ver tu vida deportiva desde una mirada más amplia que tu faceta como deportista competitivo.

 

Igual necesitas darle un tiempo para sentir esa pérdida, para valorar lo perdido y resituarte antes de continuar. 

 

Pues sí, si el deporte ha sido un gran amor y ya no lo es, tendrás que llorarlo, te haya dejado él o lo hayas dejado tú, en cualquiera de los casos es un gran cambio que comporta un duelo. 

 

Y en todo proceso de duelo se pasa por varias fases: por la no aceptación, por la rabia, por la aceptación, por la tristeza… Y a veces volvemos a etapas anteriores, es un proceso normal y necesitamos vivirlo para poder seguir con nuestra vida. 

 

Sé que eres deportista y has estado mucho tiempo en el hacer. Sin embargo el duelo necesita tiempo, pausa y sentir. Te va a conectar con la vulnerabilidad y eso puede que te asuste, pero tranquilo, lo que sientes es totalmente normal. Simplemente es un duelo, hacemos miles de duelos a lo largo de la vida. 

 

Es necesario dedicar un tiempo a cerrar la etapa de deportista, a despedirte, para poder avanzar y encontrar tu lugar sea dentro o fuera del deporte

 

No tengas prisa en pasar de etapa, y vive tu duelo. 

 

Y recuerda que si necesitas una mano en este proceso, aquí tienes la mía.