Por fin han llegado las vacaciones, y por fin tenemos la posibilidad de descansar. Pero… ¿realmente es posible hacerlo cuando tenemos niños? 

 

El artículo de este verano es más una reflexión que otra cosa, en el que quiero compartir contigo mi visión como psicóloga y también como madre. 

 

Además, te propongo un ejercicio en familia para que podáis implementarlo. 

 

Ya el año pasado hablé de lo que nos cuesta a veces bajar el ritmo en vacaciones con niños, aunque lo necesitemos para recuperar fuerzas. Estamos tan acostumbrados a ir a tope y con la agenda tan llena, que necesitamos como un proceso de despresurización. 

 

También nos pasa que somos víctimas de una presión social por pasarlo muy bien, ir a sitios increíbles, y descansar mucho… Y estas expectativas no concuerdan con la realidad . En la mayoría de los casos no tenemos vidas tan ideales. 

 

De esta frustración no se salvan las familias con hijos, las cuales hacemos malabarismos para conciliar los horarios laborales con los escolares. 

 

Y oye, que no me parece que los niños tengan muchas vacaciones, que me parecen estupendos sus tres meses, el problema lo veo en que ni sumando las vacaciones de sus dos padres, si tienen dos, se llega a cubrir las suyas. 

 

Esto es un problemón social de falta de calidad de vida que de momento no hemos sabido como resolver. 

 

Así que si este artículo sale en agosto no es por casualidad, es porque es el mes en que más personas tienen vacaciones con niños, y cuando más se necesita descansar. 

 

Ajusta expectativas

 

Me imagino una situación estándar en que un adulto que es padre o madre tiene unos 15 o 20 días de vacaciones y…una gran necesidad de descansar.

 

Junto a unas grandes ganas de estar con sus hijos. Más las exigencias añadidas que puedan tener tipo “hacer algo muy chulo” para llenarse de vitalidad y de alegría después de un año trabajando sin descanso….

 

El problema es que ambos planes no siempre son compatibles, y toca tomar decisiones para que las necesidades de todos queden satisfechas.

 

A esto solo le veo una salida: bajar expectativas y proponerse unos mínimos mínimos, siendo honestos con la situación.

 

Saber disfrutar las pequeñas cosas nos va a venir muy bien, y aceptarnos tal y como estamos, estemos contentos o tristes o enfadados, permitir que las emociones fluyan, nos es muy saludable.

 

Recuerda que a veces cuando te relajas es cuando pueden salir. 

 

No te ofusques si tú o tus hijos estáis en un estado de ánimo diferente al que se nos muestra en los anuncios de agencia de viaje. Somos personas reales con emociones reales y podemos ser flexibles y querernos con lo que viene. 

 

No compararnos con nadie también nos hace mucho bien. Cada uno tiene su realidad y también la cuenta a su manera. 

 

Ni somos perfectos, ni falta que hace, y nuestras vacaciones tampoco lo son ni falta que hace. Recuerda que la idealización lleva a la decepción. 

 

Con que sean suficientes y cubran bastante bien tus necesidades de la lista ya han sido vacaciones. 

 

Ejercicio práctico

 

Para terminar, se me ocurre una actividad que hemos hecho a veces en consulta y que nos ha dado buenos resultados. 

 

Es simple: se trata de hacer una pequeña lista de lo que necesitas estos días de descanso laboral, y proponer a los niños que también hagan su pequeña lista. 

 

Después, hay que hacer un calendario entre todos que recoja actividades que den lugar a estas necesidades de todos. 

 

Cada miembro de la familia se verá reconocido. 

 

Seguro que hay actividades que os gustan a todos, incluso que las hacéis cada verano y son como una especie de ritual, esto nos viene bien para orientarnos y darnos seguridad.

 

Buenas vacaciones 🙂