¿A ti también te cuesta poner límites personales? Estoy segura que has oído la expresión de que “tienes que poner límites”, que es importante “ser asertivo” y por lo tanto respetar tus propios límites y los de los demás. 

Además resulta que también tenemos que ponernos límites a nosotros mismos y a nuestro propio comportamiento en muchas ocasiones. 

Pero todo esto si se queda en la superficie sirve de poco. No me basta con que sigas los consejos de un libro sobre asertividad y actúes de una determinada manera porque lo pone ahí en el libro.

Esta bien, lo encuentro interesante, pero no basta, queda vacío y al fin y al cabo es otra obediencia más, obediencia al libro

 El camino que te propongo es plantearse los límites desde la conexión con tu propio ser.

Y para ello, es esencial entender qué son los límites y cómo plantearlos desde otra perspectiva. 

 

Límites personales y conexión 

Siento que la mayoría del tiempo estamos desconectados de nuestro ser, de nuestra esencia y por lo tanto de nuestros límites. Así es muy fácil que caigamos en relaciones de abuso o de dependencia, estando más centrados en lo que vemos fuera que en nosotros mismos.

Así que lo que te planteo es que en vez de centrarte en poner límites al otro, te centres en conocer tus propios límites para que así te sea más fácil comunicarlos con naturalidad.

 

Algunos ejemplos muy sencillos

A: ¿quieres un poco más de pollo?

B: (se escucha) No, no quiero.

 

A: Me gustaría acompañarte al médico.

B: (se escucha) Lo agradezco, pero prefiero ir sola gracias.

 

Si no te escuchas, si no estás conectado con tu necesidad, con tu deseo, con tu poder de decisión, es probable que acabes haciendo lo que el otro quiere, o lo que se espera de ti.

 Por ejemplo:

  1.     ¿Quieres un poco más de pollo?
  2.     Sí (con lo que se ha esforzado en hacerlo cualquiera la dice que no).

 

  1.     Me gustaría acompañarte al médico.
  2.     Ah vale gracias (Debe de ser mejor ir acompañado).

 

Si no paras a escucharte, también puede ser que reacciones desde la reacción, o sea con la rebeldía.

 

  1.     ¿Quieres un poco más de pollo?
  2.     No.

 

  1.     Me gustaría acompañarte al médico
  2.     No, gracias.

 

Pero solo si te escuchas y te das tiempo para decidir, vas a estar haciendo lo que genuinamente quieres hacer. O por lo menos sintiendo que has decidido conscientemente.

 

Qué hacer si te cuesta decir “no”

Sé que las situaciones que te he planteado en los anteriores ejemplos parecen muy sencillas, aunque no siempre lo son tanto. Puede ser que te cueste mucho decir que no quieres más pollo, o ya no solo decirlo, puede que te cueste hasta saberlo. 

Para trabajar de manera más profunda o más de raíz, se me ocurren varias vías.

Una sería trabajar la conexión con el cuerpo, para volver a conectar con tus sensaciones de placer y displacer. Las señales de que algo “te gusta” o “no te gusta” SI tu cuerpo dice un Sí o si dice un No. 

También desde el cuerpo podemos trabajar en la percepción de tu espacio personal, tanto físico como energético, dándote cuenta de cómo lo gestionas. 

Otra sería ir a indagar en tu etapa de infancia y desarrollo, si se te educó desde el contacto contigo mismo, con tu intuición, con tu placer, con tu cuerpo o por el contrario se te educó en base a lo correcto, al criterio de otro y no el tuyo propio. 

Hay muchos otros caminos de reflexión pero te propongo estos tres, para empezar con un trabajo de fondo sobre los límites, partiendo de ti, no del otro. 

El objetivo no es en sí poner el límite, sino ser consciente de tus necesidades y poderles dar valor: esto va a facilitar el próximo paso que sería garantizartelas. Pero eso ya vendrá más adelante, ahora mi propuesta es esta base. 

Espero que te resulte de utilidad.