¿Eres consciente de cómo influyen en el futuro de tus hijos tus valores personales? 

 

Lo que tú dices y haces será la base de su proyecto de vida. Y esto es una gran responsabilidad. 

 

Especialmente porque nos pasamos media vida en piloto automático, sin ser muy conscientes de lo que decimos, de lo que hacemos y de los valores que estamos transmitiendo con esto. 

 

Y es que recuerda que los niños aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos. 

 

Por ello este artículo quiero explicarte algo más sobre los valores y proponerte una actividad creativa para hacer en familia y que podáis definir qué valores transmitir a los más peques. Yo lo denomino “El cesto de los valores”, y estoy segura que te va a encantar.

 

Vamos a ello 🙂

 

¿Qué son los valores y qué aportan en tu vida? 

 

Empecemos por el principio, y es definiendo realmente qué son los valores y qué función tienen en la vida de una persona. 

 

Para mí, los valores son las cualidades que aprecias, que consideras buenas. 

 

Serían valores la armonía, la alegría, la comunicación, el respeto, la serenidad, la riqueza, la disciplina, la ambición, la paz… 

 

En realidad valores hay muchísimos, y muy variados. Todos ellos son buenos, si no no serían valores, pero seguro que tú particularmente valoras más unos que otros. Estos serían tus valores personales.

 

Tenerlos claros te da estabilidad y coherencia, y te ayuda cuando tienes que tomar decisiones sobre cómo actuar en las diferentes situaciones de la vida. 

 

La educación es un proceso de transmisión de valores 

 

Es lógico que aquellas cualidades que para ti son buenas se las quieras regalar a tus hijos. De hecho, el proceso de educación consiste precisamente en esto. 

 

Me lo imagino como ir preparando un cesto repleto de cosas bonitas para nuestros peques. Ellos puedan elegir con qué se quedan, las que van más con ellos, las que les gustan, o las que les sirven. Más adelante, al hacerse adultos, esperamos que también preparen su cesto lleno de valores para la siguiente generación.

 

Así que sí, lo quieras o no, eres un transmisor de valores para tus hijos. 

 

Transmitimos valores a través de nuestras acciones, de nuestras palabras,  de nuestros comentarios a las acciones de los otros y hablando directamente de ellos como conceptos. 

 

Por ejemplo, puedo decir que la amistad es importante para mí, que es bueno tener amigos y también puedo tener y disfrutar de tener amigos. O puedo decir que la naturaleza es importante para mí, y puedo oler y respetar las plantas cuando voy al bosque.

 

Sin embargo, nuestras acciones no siempre están alineadas con los que decimos que son nuestros valores, y eso hace que muchas veces actuemos de forma incoherente. 

 

Puedo decir que la naturaleza es importante para mí, pero arrancar las plantas y tirar desechos cuando voy al bosque. O puedo decir que el respeto es importante para mí pero liarme a gritos o ser sarcástico cuando mi interlocutor no se comporta como yo quiero. 

 

Cuando las acciones no están alineadas con las palabras, los valores no son realmente valores. 

 

¿Por qué es importante ser consciente de tus valores?

 

Es importante que seas consciente de qué cosas valoras porque si no lo sabes, es probable que caigas en contradicciones a la hora de transmitirlo.

 

Vayamos con otro ejemplo para entenderlo. Imagínate que para ti es importante la calma y el silencio y que deseas transmitir este valor a tus hijos. 

 

Si sabes que la calma es un valor para ti, podrás disfrutarlo cuando está y tus hijos verán que estás disfrutando. Si esto lo ven muchas veces, les marcará positivamente. 

 

También puedes invitarlos a escuchar el silencio contigo y decirles: “Me siento muy a gusto ahora porque me gusta el silencio y en este lugar no hay nada de ruido.” 

 

Ahora imagínate que deseas y necesitas silencio, pero no eres consciente. 

 

En este caso es más probable que te expongas al ruido, y que en alguna situación de exceso de decibelios acabes pidiendo a gritos a tus hijos que callen. No creo que sea la situación más educativa para ellos, de hecho estarás creando más confusión a la hora de transmitirles tu amor por el silencio, ¿no crees? 

 

Ya sabes por donde voy: para impactar positivamente en tu entorno, tienes que empezar por una escucha interior, por el auto-conocimiento, y partiendo de esta idea hoy te propongo que dediques unos minutos a reflexionar sobre tus 2 o 3 valores principales y seguidamente busques situaciones en que tu discurso o tu acción están siendo o no coherentes con este valor. 

 

A continuación te propongo una actividad algo más extensa y con un toque de manualidad, preparar el cesto de los valores. ¿Te animas?

 

Prepara un cesto bien lleno de valores para regalar a tus hijos

 

Este es uno de los ejercicios que me gusta hacer a consulta o en los talleres con familias. Se trata de dibujar un cestito y representar los valores que tienes para dar. 

 

Puedes dibujarlo en el momento, pero mucho mejor si destinas unos cuantos días para poder representar aquellos valores que son de verdad importantes para ti.

 

Y aunque tienes la opción de hacerlo individualmente, será mucho más enriquecedor hacerlo en familia, y aportar entre los dos progenitores sus valores principales. 

 

Cuando lo tengas dibujado, te propongo que lo revises durante unos días más, comprobando si crees que quedan claros cuáles son los valores más básicos. 

 

Quizás hoy es la primera vez que tomas conciencia de este cesto de los valores y te apetece empezar a cuidarlo concienzudamente. Si es así, me alegro mucho porque empezar a prepararlo es muy gratificante y te facilita mucho la tarea de padre o madre. 

 

Ahora que te has empezado a plantear conscientemente el legado que quieres dejar a tus hijos, también te podrás fijar en cómo se expresa este “cesto de valores” en vuestro comportamiento del día a día.

 

Demasiadas veces vamos haciendo y haciendo sin darnos cuenta, y no sabemos ni qué valores estamos transmitiendo. Incluso nos descubrimos haciendo un copy-paste de las frases que nos decían nuestros padres o educadores sin pasar la criba de nuestra reflexión particular. 

 

Espero que el ejercicio del cesto te sirva para darle un enfoque diferente a vuestra educación. 

¡Y que lo disfrutéis todos juntos!